Barranca de JalpaBARRANCA DE JALPA
Agave maximiliana en la Sierra de Jalisco

AGAVEMAXIMILIANA

BAKER · 1877
JALPA · CHIQUILISTLÁN · SIERRA DE JALISCODESCUBRE SU HISTORIA ↓
BARRANCA DE JALPA · ENSAYO

LA RAICILLA: EL ESPIRITU INVALUABLE DE LA MONTAÑA Y EL TIEMPO

UNA ARQUITECTURA DE VALOR EN LA SIERRA DE JALISCO

I

LA MONTAÑA ANTES DE LA RAICILLA

Territorio, pueblos, bosques, minerales y agaves de Chiquilistlán

Territorio, pueblos, bosques, minerales y agaves de Chiquilistlán

La historia de la raicilla de la Sierra de Jalisco no puede comprenderse únicamente como la historia de una bebida o una planta, sino de un ecosistema financiero que tuvo un arco de tiempo desde el Siglo XVI hasta finales del siglo XIX. Para entenderla es necesario reconstruir el territorio económico, ecológico y biocultural en el que sobrevivió primeramente una tradición ancestral indigena de destilación: en un territorio en donde coexistieron la explotación de hierro, oro, plato y estaño, la abundancia de agaves silvestres, bosques de encino, madroño, ocotes, robles. Animales y seres sintientes que hoy se ven amenazadas, además del sistema de castas, haciendas, ferrerías, tabernas, caminos de arriería, rutas comerciales, campesinos indigenas, trabajadores esclavos del africa y, durante los conflictos del siglo XIX, incluso fábricación de armas. el mu

Vamos a imaginar que podemos girar el orbe del mundo al tiempo atrás y podemos desde arriba ver el paisaje que en ese momento se respiraba en lo que hoy es Chiquilistlán, cuna de la mejor racilla de Jalisco, el vino Barranca de Jalpa. Aquí sobrevivió una antigua relación entre culturas puerepechas, la cultura denominada capacha, las migraciones nahuas y otomies que fueron posteriores. Y la ultima invsaión europea al territorio, este color razas dieron pie una tradición que es rica en tradiciones, entre ellas su manera de producir los destilados de la bella planta del agave.

Un mismo territorio: minerales, bosques y agaves

Durante el siglo XIX, Chiquilistlán formó parte de una importante región minera del sur de Jalisco. La documentación histórica municipal registra explotaciones de plata, oro, hierro, mercurio —entonces llamado azogue— y cobre. El territorio se articulaba con el área minera de Tapalpa y con una de las instalaciones metalúrgicas más importantes de la región: la Ferrería de Tula o Ferrería del Tule.

La explotación del hierro en los Altos de Tapalpa está documentada desde la primera mitad del siglo XIX. En 1844, la Junta de Industria de Sayula remitió muestras del mineral extraído en la región acompañadas por herramientas elaboradas con aquel hierro: hachas, azadones, coas y rejas.

Pero el paisaje minero de Chiquilistlán tenía otra característica fundamental.

En las mismas montañas crecía un mezcal silvestre conocido localmente como mezcal chopil o lechuguilla. La historia oficial del municipio señala que, alrededor de la actividad minera, las clases populares desarrollaron una industria doméstica dedicada a la fabricación de morrales de ixtle, cuya fibra se obtenía precisamente de ese “mezcal silvestre”. Y estos sabios nativos que heredaron el conocimiento del manejo de esta planta, después de utilizar sus pencas también cocían su mezonte o corazon. Mexcalli, vienen del nahuatl metl- (agave) y ixcalli (cocido) lo que podría traducir al español como agave cocido.

Este dato es particularmente importante para comprender la historia de Agave maximiliana Baker, una de las especies fundamentales de la actual Raicilla de la Sierra. Hay diversas maneras en que a través del tiempo se ha bautizado a la planta. Por ejemplo la palabra maguey tiene un origen en el idiomoa taíno, y fue popularizada quienes la escucharon por primera vez en las islas del Caribe a los nativos, para referise a las plantas suculentas del genero agave.

La mina y el agave no pertenecían a dos geografías diferentes.

Habitaban la misma montaña.

Barranca de Jalpa · capítulo I
II

HIERRO, MINAS Y MEZCAL

La arquitectura productiva de la Sierra de Jalisco

La arquitectura productiva de la Sierra de Jalisco

La Ferrería de Tula y la transformación del hierro en armas

La Ferrería de Tula constituye una pieza fundamental para comprender hasta qué punto aquella economía serrana estaba conectada con el proceso de la destilación del mezcal, debido los rios y manantiales de agua.

Hacia mediados del siglo XIX se consolidó como instalación dedicada a transformar el mineral de hierro existente en la Sierra de Tapalpa. Uno de sus propietarios fue el empresario francés Jules Rose, mientras Miguel Brizuela participó en su administración y posteriormente en su estructura empresarial. Durante la Guerra de Reforma ocurrió una transformación extraordinaria. En 1859, las fuerzas liberales encabezadas en Jalisco por Pedro Ogazón necesitaban artillería para sus operaciones militares. En lugar de crear una industria bélica completamente nueva, utilizaron infraestructura productiva que ya existía en la región, especificamente en La Ferrería de Tula, la fue convertida en una maestranza militar.

Sus hornos, trabajadores y conocimientos metalúrgicos comenzaron a producir armas y municiones. Los mismos mineros eran los mismos tlachiqueros y conocederos de los saberes de esta planta.

La escasez de materiales llegó a tal grado que se utilizaron diferentes fuentes de metal para fabricar artillería. En 1860 volvió a organizarse allí una producción militar sistemática y, entre agosto y septiembre, fueron fundidas 25 piezas entre cañones, obuses y morteros de gran calibre, utilizadas posteriormente por las fuerzas liberales en el sitio de Guadalajara. En esas faenas participaron personajes como Fernando Poucel, Rafael Valle, Jesús Gallo, Carlos Blake y el propio Jules Rose. La Sierra de Tapalpa dejó entonces de producir solamente herramientas agrícolas.

También produjo instrumentos de guerra.

Miguel Brizuela: comercio, industria y guerra

La trayectoria de Miguel Brizuela permite observar cómo funcionaban estas redes económicas. Antes de convertirse en militar liberal, Brizuela estuvo vinculado al comercio en Guadalajara. Posteriormente participó en Ferrería de Tula como administrador y accionista y terminó involucrado directamente en la fabricación de armamento.Su trayectoria permite visualizar una estructura característica del siglo XIX:

comercio → capital → hacienda → industria → guerra → poder político.

La economía serrana no estaba formada únicamente por pequeños productores aislados.

Detrás de algunas de sus industrias existían comerciantes, propietarios de haciendas, inversionistas, empresarios extranjeros, administradores, trabajadores especializados y conexiones con Guadalajara y otros centros comerciales.Después aparecerían otros propietarios e inversionistas.

En 1879 Manuel L. Corcuera adquirió Ferrería de Tula y modernizó sus instalaciones mediante maquinaria alemana. La ferrería produjo posteriormente fierro estirado, ruedas, engranes, ejes, herramientas y otros componentes.Más adelante pasó por manos de Daniel Ochoa y finalmente, en los primeros años del siglo XX, entró en una nueva estructura empresarial relacionada con la Mexican Iron & Steel Company.La historia de Ferrería permite observar, por tanto, la progresiva integración de un recurso natural serrano dentro de circuitos de capital cada vez mayores.

Mezcal y hierro dentro de una misma economía

Las investigaciones sobre la industrialización de la Sierra de Tapalpa muestran algo fundamental: las haciendas del sur de Jalisco no necesariamente estaban especializadas en una sola actividad.Dentro de aquel sistema podían coexistir:

agricultura, ganadería, azúcar, mezcal, jabón, papel, ladrillos, explotación forestal y producción de hierro.

Esta coexistencia permite comprender mejor la relación entre minería y producción de mezcal.

No significa todavía que podamos afirmar que cada propietario minero fuera propietario de una taberna, ni que Ferrería de Tula produjera mezcal. Para demostrarlo necesitaríamos documentación patrimonial, mercantil o fiscal específica.Pero ambas actividades pertenecieron a un mismo ecosistema productivo regional.Y compartían recursos fundamentales.

El hierro necesitaba mineral, agua, trabajadores, caminos y enormes cantidades de combustible.

El mezcal necesitaba agave, agua, leña, hornos, trabajadores, animales de carga y caminos.

Ambos dependían del agua.

Ambos dependían de los recursos de la montaña.

Ambos necesitaban trabajadores.

Ambos necesitaban transportar productos pesados desde lugares de difícil acceso.

Y ambos dependían de las redes comerciales que comunicaban las serranías con Sayula, Zapotlán, Guadalajara, Colima y otras poblaciones. La relación entre mezcal y minería, por tanto, no debe imaginarse necesariamente como una simple operación comercial entre dos industrias independientes.Formaban parte de una misma arquitectura territorial de producción.

Barranca de Jalpa · capítulo II
III

LA RAICILLA EN LA CLANDESTINIDAD

Tabernas, trabajadores y supervivencia del vino mezcal

Tabernas, trabajadores y supervivencia del vino mezcal

Minas, trabajadores y tabernas

Existe además una hipótesis histórica que merece una investigación específica.Las concentraciones mineras necesitaban trabajadores. Los trabajadores necesitaban alimentación, alojamiento, herramientas, animales, mercancías y espacios de convivencia.Las tabernas y la producción de aguardientes formaron parte de la vida económica de numerosas regiones mineras de la Nueva España y del México independiente.

Por ello resulta razonable investigar si los capitales y propietarios que controlaron minas, haciendas y rutas comerciales en Chiquilistlán participaron también directa o indirectamente en tabernas o producción de vino mezcal. Pero esta relación debe demostrarse documentalmente.Por ahora podemos sostener algo ligeramente diferente y mucho más sólido:

las minas y las tabernas podían depender de las mismas poblaciones, trabajadores, haciendas, caminos, arrieros, recursos forestales y circuitos comerciales.Encontrar libros de cuentas, inventarios de haciendas, testamentos, alcabalas, registros de aguardiente o protocolos notariales podría permitir determinar en el futuro si esa interdependencia territorial fue también una concentración directa de propiedad.

El vino mezcal y la clandestinidad

Mientras el hierro podía transformarse en herramientas o armamento, el mezcal enfrentaba otro tipo de relación con el poder.Durante diferentes periodos coloniales, los destilados de agave estuvieron sujetos a prohibiciones, impuestos, licencias y controles fiscales. La historia de la raicilla conserva precisamente la memoria de esa condición periférica, que se ha impuesto a esta parte del país,tanto en sus estudios arqueologicos, antropológicos e historia local.

Una de las explicaciones históricas del nombre sostiene que llamar “raicilla” al destilado permitía ocultar su verdadera naturaleza frente a las autoridades encargadas de controlar o gravar los impuestos de la corona sobre el vino de mezcal.Por eso su historia aparece con frecuencia fuera de los grandes registros comerciales.No necesariamente porque no existiera. Precisamente porque parte de su supervivencia dependía de no ser completamente visible.

La montaña proporcionaba una ventaja decisiva.Las barrancas, bosques y caminos serranos dificultaban el control centralizado de la producción. Así, mientras determinados productos ingresaban a circuitos fiscales y comerciales formales, otros podían circular mediante economías locales, intercambios directos y redes comunitarias, como fue el caso de la Raicilla. Así fue como sobrevivio el saber y hacer de la Raicilla, durante siglos en esa frontera entre mercancía, alimento, celebración, medicina, intercambio y patrimonio.

Hierro, armas y clandestinidad: una distinción necesaria

También debemos distinguir la clandestinidad del mezcal de la producción militar realizada en Ferrería de Tula.

Durante la Guerra de Reforma, la fabricación de artillería en la Ferrería no era clandestina desde la perspectiva del gobierno liberal de Jalisco: había sido ordenada por Pedro Ogazón.Pero México se encontraba dividido por una guerra civil en la cual diferentes gobiernos reclamaban simultáneamente legitimidad.Una infraestructura considerada legítima por una autoridad podía convertirse en objetivo militar para otra.Esto revela algo fundamental:

el valor y la legalidad no existen completamente separados de las estructuras políticas que los reconocen.

Y esta observación permite regresar al oro y al mezcal.

Barranca de Jalpa · capítulo III
DE ESTA MONTAÑA TODAVÍA NACE LA RAICILLA.

BARRANCA DE JALPA

CONOCE NUESTRA RAICILLA →
IV

EL ORO Y EL VINO BARRANCA

Dos formas de valor en una misma montaña

Dos formas de valor en una misma montaña

El oro: valor fuera de la promesa del Estado

El oro posee una característica histórica particular.

Su valor no depende exclusivamente de que un Estado declare que debe aceptarse como moneda.

Una moneda fiduciaria contemporánea funciona fundamentalmente porque existe una arquitectura financiera que sostiene su aceptación: Estado, legislación, bancos centrales, bancos comerciales, sistemas de pagos, mercados y confianza social.

El oro, en cambio, posee propiedades físicas —escasez relativa, durabilidad, divisibilidad y conservación— que permitieron que diferentes sociedades lo reconocieran como depósito e instrumento de intercambio aun cuando cambiaban gobiernos y monedas.

Esto no significa que el precio del oro sea independiente de mercados, instituciones o convenciones sociales. Significa algo diferente: su aceptación histórica puede sobrevivir al colapso de una autoridad monetaria particular.Y precisamente por eso resulta interesante encontrar oro, plata, hierro y mezcal coexistiendo dentro del mismo territorio serrano.

El Vino Barranca dentro de esa arquitectura de valor

En la Raicilla de la Barranca de Jalpa encontramos la continuidad de otra forma de valor. Durante generaciones, el destilado producido en estas montañas fue conocido localmente como Vino de Barranca.La palabra “vino” resulta especialmente significativa porque durante siglos los destilados de agave aparecen históricamente bajo expresiones como vino mezcal. Antes de que existiera el negocio de las denominaciones de origen, antes de las botellas contemporáneas, antes de los certificados y de las categorías comerciales actuales, el producto ya tenía valor para quienes lo producían, intercambiaban y consumían.

Ese valor no necesariamente tenía que expresarse exclusivamente en dinero.Un producto como el vino mezcal podía contener simultáneamente:

trabajo, alimento, hospitalidad, prestigio, celebración, intercambio, conocimiento, territorio y memoria.

Desde esta perspectiva podemos entender por qué el oro y el Vino Barranca pudieron circular dentro de una misma arquitectura económica sin ser equivalentes.

El oro concentraba valor mineral.

El hierro podía convertirse en herramienta, infraestructura o arma.

El mezcal condensaba una manera en el que el espíritu del hombre podía sentarse a convivir con su propia evolución, en compañia del fuego volcanico del espiritu del bosque, del agua, de su propio conocimiento, sus celebracinoes, tragedias y trabajos.

Cada uno almacenaba una forma distinta de valor intrínseca que atraviesa el tiempo hasta el día de hoy en donde, de nuevo, una nueva arquitectura financiera se esta cuajando a nivel planetario. Mientras tanto el espíritu de la Raicilla observa, pero ya no desde la clandestinidad, sino desde la paciencia consciente de no haber sido explotada como el tequila, de no salir tan a prisa como el mezcal, sino como el espíritu del tiempo de maduración perfecto en que el espírtiu silvestre del mezcal renace en México con nuevas maneras de cultivarse y entenderse más allá del monocultivo y los grandes modelos de sobre producción.

Barranca de Jalpa · capítulo IV
V

¿CUÁNTO VALE UNA BOTELLA DE RAICILLA?

Precio, tiempo y valor biocultural

Precio, tiempo y valor biocultural

No sustituir una moneda por otra

Esta historia también permite hacer una reflexión contemporánea.Una arquitectura financiera no consiste necesariamente en sustituir una moneda por otra.

Históricamente han coexistido simultáneamente diferentes instrumentos de valor: moneda acuñada, metales preciosos, crédito, pagarés, mercancías, tierras, cosechas y productos intercambiables. En el sistema financiero internacional contemporáneo ocurre algo conceptualmente semejante, aunque a una escala y complejidad radicalmente diferentes: monedas soberanas, reservas internacionales, oro, deuda, activos financieros y sistemas digitales coexisten dentro de arquitecturas que permiten convertir, compensar y transferir distintas expresiones de valor. Dentro de este sistema ¿cuanto vale una botella de Raicilla de Jalpa? Acaso, ¿alguien que no sea el propio tiempo, puede pagar el valor del espíritu del bosque y el tiempo?

Por ello, imaginar el valor de un producto artesanal o una futura arquitectura financiera global no exige necesariamente imaginar una sola moneda universal o una sola manera de producir los bienes, sino imaginar modelos y sistemas capaces de reconocer e intercambiar distintas representaciones de valor en una sola arquitectura.

Pero aquí aparece una diferencia fundamental.

No todo valor puede reducirse completamente a precio.

Y la raicilla constituye un magnífico ejemplo.

El valor intrínseco de la raicilla

Una botella de raicilla tiene un precio.

Pero la raicilla posee dimensiones de valor que una cifra monetaria no puede representar completamente. Contiene el tiempo necesario para que madure un agave.

Contiene el conocimiento necesario para reconocer cuándo cortarlo.

Contiene fuego.

Bosque.

Agua.

Fermentación.

Trabajo.

Familia.

Memoria.

Paisaje.

Una planta de Agave maximiliana necesita años para acumular la materia que finalmente será transformada por el maestro raicillero. Como el caso de la familia Robles Villalvazo.Cuando se destruye ese conocimiento, no hay poder para imprimir dinero que pueda recuperarlo.

Cuando desaparece una población silvestre de agaves, ningún asiento bancario puede producir instantáneamente otra.

Cuando muere una técnica tradicional sin transmitirse, su pérdida cultural puede ser irreversible.

En ese sentido puede hablarse de un valor intrínseco biocultural de la raicilla: no porque exista al margen de toda sociedad, sino precisamente porque representa memoria e identidad cultural, recursos, conocimientos, relaciones y tiempos que no pueden reproducirse simplemente mediante dinero.

Barranca de Jalpa · capítulo V
EL VALOR NO SE EXPLICA SOLAMENTE.

TAMBIÉN SE PRUEBA.

CONOCE LAS TRES EXPRESIONES →
VI

ANTES DEL NOMBRE YA EXISTÍA

Antes del peso, antes del banco, antes de la Denominación de Origen

Antes del peso, antes del banco, antes de la Denominación de origen

La historia de Barranca de Jalpa permite entonces invertir nuestra manera habitual de pensar el valor.

La raicilla no comenzó a existir cuando obtuvo una Denominación de Origen en 2019.

La denominación reconoció jurídicamente una tradición anterior.

Tampoco comenzó a existir cuando apareció una marca comercial.

Ni cuando se imprimió una etiqueta.

Ni cuando llegó una botella al mercado.

El valor cultural existía antes de su reconocimiento institucional.De la misma manera, el agave existía antes de recibir el nombre científico ***Agave maximiliana* Baker**. Las comunidades conocían y utilizaban la planta antes de que el botánico inglés John Gilbert Baker la incorporara a la taxonomía científica occidental en 1877.

Y aquí aparece una diferencia profundamente importante entre nombrar una realidad y crearla. Los antiguos mexicanos la habian nombrado y habian creado ya procesos de destilación desde la cultura denominada Capacha. La ciencia europea describió la especie, dio el permiso de explotación y repartio las marcas.

Pero no creó el agave.

El Estado mexicano reconoció la Denominación de Origen.

No creó la raicilla.

El mercado contemporáneo asigna un precio a la botella.

Pero nunca podrá comprar su valor cultural.

Barranca de Jalpa · capítulo VI
VII

DE LA LECHUGUILLA A AGAVE MAXIMILIANA

Maximiliano de Habsburgo, John Gilbert Baker y el viaje europeo del agave

Maximiliano de Habsburgo, John Gilbert Baker y el viaje europeo del agave

El nombre científico de nuestra plana conserva, como ya lo vimos es una paradoja histórica. Ya que fue por primera vez ingreasada al sistema occidental por el botánico inglés, John Gilbert Baker, quien la denomico y publicó ***Agave maximiliana* Baker** en 1877. El epíteto maximiliana fue dedicado a Maximiliano de Habsburgo. Así, una planta profundamente arraigada en las serranías mexicanas terminó llevando científicamente el nombre de un emperador europeo.

La trazabilidad histórica del Agave maximiliana

La historia del nombre Agave maximiliana conecta las montañas del occidente de México con la botánica europea del siglo XIX. La especie es nativa principalmente de Jalisco, Nayarit y Zacatecas, territorio donde estos mezcales existían y eran aprovechados mucho antes de recibir una denominación científica eurocentrista.

La relación con Maximiliano de Habsburgo (1832–1867) se inscribe en un contexto de intenso interés por la botánica. Maximiliano desarrolló jardines experimentales y colecciones vegetales en Miramar,a 10km al noroeste de Trieste, pobaldo que colinda al mar Adriatico en Italia. Durante su estancia en México el archiduque continuó interesado en la flora del país, acompañado por su jardinero Wilhelm Knechtel. En 1865, mientras Maximiliano y Carlota gobernaban México, Pedro e Ignacio Blázquez publicaron la Memoria sobre el maguey mexicano (Agave maximilianea), dedicada a ambos emperadores. Aquella planta corresponde actualmente al complejo de Agave salmiana y no al Agave maximiliana de las sierras de Jalisco, pero demuestra que el nombre de Maximiliano ya estaba asociado al estudio científico del maguey mexicano durante su propia vida.

La especie que hoy conocemos como Agave maximiliana siguió otra trayectoria. Material vegetal procedente de México llegó a las colecciones hortícolas europeas y, para 1874, una planta correspondiente a esta especie circulaba en Alemania bajo el nombre Agave gustaviana. Tres años después, nuestro amgio en 1877, el botánico británico John Gilbert Baker (1834–1920) la publicó como ***Agave maximiliana* Baker**, nombre tradicionalmente interpretado como un homenaje a Maximiliano de Habsburgo.

La presencia material de esta planta en Europa está documentada: en 1881 se cultivaba Agave maximiliana en los Royal Botanic Gardens, Kew, donde se preservó un ejemplar de herbario que posteriormente serviría como referencia nomenclatural de la especie.

La trazabilidad conocida puede resumirse así:

magueyes silvestres del occidente de México → introducción de material vegetal en Europa → Agave gustaviana (1874) → John Gilbert Baker → Agave maximiliana (1877) → planta cultivada en Kew (1881) → conservación moderna del nombre Agave maximiliana.

Debido a que primeramente fue nomrabdo como Agave Gustaviana, la academia de botánicos tuvo que resolver esta situacion. Por ello en 2017, los botánicos Joachim Thiede y Urs Eggli presentaron formalmente una propuesta para conservar el nombre ***Agave maximiliana* Baker (1877)** frente al nombre anterior ***Agave gustaviana* J.N.Haage & E.Schmidt (1874). El problema era estrictamente nomenclatural: A. gustaviana había sido publicado tres años antes y, aplicando el **principio de prioridad del Código Internacional de Nomenclatura para algas, hongos y plantas, el nombre ampliamente utilizado Agave maximiliana podía tener que ser sustituido por Agave gustaviana. La propuesta fue sometida al Nomenclature Committee for Vascular Plants (NCVP), Comité de Nomenclatura para Plantas Vasculares, órgano especializado que trabaja dentro del sistema internacional de nomenclatura botánica. El Comité evaluó la estabilidad y el uso histórico de ambos nombres y votó 16 votos a favor de conservar Agave maximiliana, 1 en contra y 3 abstenciones, recomendando oficialmente su conservación. El resultado fue publicado posteriormente en la revista científica Taxon, órgano de la International Association for Plant Taxonomy (IAPT). De esta manera, la permanencia del nombre Agave maximiliana no se debe únicamente a la costumbre: fue objeto de una decisión formal dentro del sistema internacional que regula la nomenclatura botánica, tomada para evitar sustituir un nombre ampliamente establecido por otro prácticamente olvidado.

Ahora ya lo sabes, detrás del nombre del agave con el que hoy se produce raicilla en las sierras de Jalisco existe una singular trayectoria: una planta ancestral del occidente mexicano que viajó a las colecciones botánicas europeas del siglo XIX y regresó, a través de la ciencia, con un nombre ligado a Maximiliano de Habsburgo.

Barranca de Jalpa · capítulo VII
VIII

EL ESPÍRITU INVALUABLE DE LA MONTAÑA Y EL TIEMPO

Barranca de Jalpa y una arquitectura de valor que atravesó los siglos

Barranca de Jalpa y una arquitectura de valor que atravesó los siglos

Una arquitectura que atravesó los siglos

Desde esta perspectiva podemos contemplar nuevamente el territorio y el valor cultural e histórico de la Raicilla de Sierra no reside solamente en demostrar que se trata de una bebida antigua. Su importancia está en haber sobrevivido a diferentes arquitecturas de poder y de valor.

Imperio.

República.

Guerras civiles.

Haciendas.

Industrialización.

Capital extranjero.

Estado nacional.

Mercado contemporáneo.

Denominación de Origen.

En cada sistema cambió la manera institucional de medir la riqueza. Pero el conocimiento necesario para transformar una planta serrana en destilado continuó transmitiéndose entre generaciones. Esa continuidad constituye una forma de legitimidad histórica y una manera de demostrar el poder real del valor de la naturaleza y el trabajo biocultural de la humanidad.

El valor comercial de la Raicilla de Jalpa, ** no comienza ni termina en la arquitectura financiera de la colonia ni del presente sistema**.

La Raicilla de Sierra es simultáneamente mercancía, patrimonio biocultural, conocimiento, paisaje y memoria ancestral de México.

Así en cada sobro la Raicilla Barranca de Jalpa permite contar esa historia desde un territorio concreto: una barranca perteneciente a una antigua región minera donde durante siglos convivieron el mineral bajo la tierra, el bosque de ocotes, encinos, robles y madroños, enclavado sobre las montañas en donde están cobijados como puestos a modo de lunares de la tiera, los agaves silvestres que dan vestido, calor, fiesta y motivo de reunión, comercio y trato a los hombres y mujeres desde tiempos ancestrales, evolucionando este tejido hasta nuestros días.

Por eso, cuando hablamos hoy de Raicilla de Jalpa, no hablamos solamente de un destilado de agave, ni de una marca, o una botella más de raicilla. Estamos hablamos y bebiendo literlamente le memoria liquida, la permanencia de una forma de conocimiento que atravesó sistemas económicos, guerras, prohibiciones, clasificaciones científicas y transformaciones políticas durantes siglos. Y lo volverá a hacer cuando todo esto pase.

Antes de llamarse Agave maximiliana fue lechuguilla.
Antes de llamarse Raicilla de Sierra fue vino mezcal.
Antes de tener Denominación de Origen fue conocimiento serrano.
Antes de tener precio, ya tenía valor.

Y quizá sea precisamente allí donde se encuentre el patrimonio más importante de Barranca de Jalpa:

El hierro podrá convertirse en herramientas y cañones

El oro podía convertirse en moneda.

Pero el mezcal, el agave... el agave fue, es y sera siempre convertido después de toda la destilación del tiempo: Un espíritu, un espíritu invaluable de la cultura mexicana.

Barranca de Jalpa · capítulo VIII

ANTES DE LLAMARSE AGAVE MAXIMILIANA
FUE LECHUGUILLA.

ANTES DE LLAMARSE RAICILLA DE SIERRA
FUE VINO MEZCAL.

ANTES DE TENER DENOMINACIÓN DE ORIGEN
FUE CONOCIMIENTO SERRANO.

ANTES DE TENER PRECIO,
YA TENÍA VALOR.

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